Diego Araya es kinesiólogo y Health Manager en Youtopia Vitacura, donde acompaña a personas en procesos de recuperación y movimiento consciente. Su enfoque combina la educación y la prevención, ayudando a cada paciente a comprender su cuerpo y comprometerse con su proceso. “Mi trabajo es acompañar desde una mirada funcional y preventiva”, explica. “No se trata solo de recuperarse de una lesión, sino de enseñar que la kinesiología también está para evitar que lleguemos a ese punto.”

 

A lo largo de su experiencia, Diego ha visto cómo muchas personas normalizan el dolor o lo asocian con fortaleza. “Depende del contexto. En rehabilitación o entrenamiento pueden existir molestias esperables, pero el dolor persistente no debería aceptarse como parte natural del proceso”, señala.

Al preguntarle cómo diferenciar entre el dolor que enseña y el que advierte, lo resume con claridad: “El que enseña es tolerable y pasajero; el que advierte es insistente, limitante y suele venir acompañado de rigidez o inflamación. Aprender a distinguirlos es clave para intervenir a tiempo y evitar lesiones mayores.”

Para Diego, cambiar ese paradigma requiere autoconocimiento y coherencia. “No se trata de asustar con el dolor, sino de entender que el cuerpo tiene límites. El dolor es una señal, una forma de comunicación del cuerpo que nos recuerda la importancia de respetarlos. La conciencia corporal se construye cuando actuamos en coherencia entre lo que sentimos y lo que hacemos.”

Cuando le preguntamos por prácticas que ayudan a mantener un cuerpo más consciente y libre de dolor, insiste en que no se trata de hacer más, sino de hacerlo mejor. Recomienda incorporar pequeños hábitos como pausas activas, movilidad diaria, descanso adecuado, respiración consciente e hidratación. “En el entrenamiento, la calidad del movimiento vale más que la cantidad”, enfatiza. “Es importante entender dónde un ejercicio puede generar molestia y dónde no debería hacerlo.”

Diego también destaca que resignarse al dolor no debería ser una opción. “Siempre hay algo que se puede hacer para mejorar”, asegura. “A veces no se trata de buscar una solución rápida, sino de sostener un proceso con disciplina y resiliencia. El cuerpo tiene una gran capacidad de adaptación si le damos las herramientas adecuadas.”

También comenta que, independiente de si la persona es principiante o experimentada, la mayoría escucha a su cuerpo cuando ya es tarde. “Existe una cultura del aguante, donde se celebra el esfuerzo extremo pero rara vez la prevención o el descanso. Detenerse a tiempo no es debilidad; es madurez corporal y mental. Reconocer una limitación puede ser justamente lo que te permite seguir avanzando.”

 

En su experiencia, el primer paso hacia el cambio es asumir la responsabilidad del propio cuidado. “La persona que más debe cuidarte eres tú mismo. El cuerpo se repara tanto con descanso como con movimiento consciente. Escucharnos es el primer paso para evitar lesiones y progresar en cualquier entrenamiento. Cuanto antes lo entendamos, más disfrutaremos de todo lo que nos permite hacer.”