Para Martín Sigren, capitán de Los Cóndores y referente del rugby chileno, el rendimiento es solo una parte del juego. Detrás de la fuerza, la disciplina y el liderazgo que exige su rol, hay un trabajo más profundo: encontrar equilibrio entre cuerpo y mente. En esta conversación, comparte su mirada sobre el autocuidado, el descanso, el propósito y la importancia del “nosotros” por sobre el “yo”.

¿Qué significa para ti estar bien más allá del rendimiento deportivo?


Para mí, estar bien significa estar balanceado, tanto física como mentalmente. Es sentir mi cuerpo sano y con energía, pero también estar en un buen lugar emocional. Cuando ambas cosas están en equilibrio, todo lo demás fluye.

 

¿Cómo manejas la presión y el autocuidado en momentos clave?


En los momentos de mayor presión es cuando más atención le pongo al autocuidado. Son etapas donde necesito que cuerpo y mente estén funcionando al cien por ciento. En un deporte tan físico como el rugby, tener el cuerpo en óptimas condiciones me da seguridad: sé que puedo rendir y responder al equipo.

 

¿Qué rol juega el descanso en tu rutina?


Diría que es igual de importante que el entrenamiento. Las rutinas son tan intensas que, si no cuidas la recuperación, la fatiga se acumula y el rendimiento cae rápidamente. Descansar también es entrenar, solo que desde otro lugar.

¿Hay prácticas o rituales que te ayuden a mantener el equilibrio fuera de la cancha?


El golf ha sido un gran complemento. Me da espacio para desconectarme, para estar tranquilo. También me gusta involucrarme en proyectos que me hagan pensar y usar la cabeza. El cerebro es como un músculo: si no se ejercita, se estanca.


¿Qué te ha enseñado tu cuerpo sobre cuándo acelerar y cuándo parar?


Con los años uno aprende a escucharlo. Ya entiendo muy bien mis tiempos y los respeto. En el alto rendimiento eso también se apoya con información: usamos muchos datos que ayudan a medir la carga y a entender mejor cuándo exigir y cuándo soltar.

 

En el rugby, ¿qué aprendiste sobre la importancia del “nosotros” por sobre el “yo”?


En el rugby no hay espacio para individualidades. No existen las estrellas. Todos dependemos del que está al lado. El equipo es la base de todo: cada persona tiene un rol fundamental para lograr los objetivos. Esa mentalidad se enseña desde el primer día.

¿Qué hace que un grupo funcione más allá del talento individual?


La cohesión. La mística. Que el grupo sienta una unión que va más allá de lo deportivo. Ese ingrediente, difícil de explicar, pero fácil de sentir, se repite en todos los grandes equipos.
“No siempre se puede controlar lo que pasa, pero sí cómo reaccionas. Esa es la diferencia entre rendirse y evolucionar”.

 

¿Cómo se cuida la energía colectiva, sobre todo en los momentos difíciles?


Los momentos difíciles pueden ser una gran oportunidad si se usan bien. Son instancias para unirse, para generar espacios de crítica y retroalimentación sincera. Las derrotas enseñan mucho más que las victorias; es ahí donde un grupo crece de verdad.


¿Cómo encuentras propósito en los días en que cuesta mantener la motivación?


El propósito es algo que se trabaja antes. Es ese “por qué hago lo que hago”. Cuando lo tienes claro, te sostiene en los días sin motivación. Y eso es normal, nadie está motivado todos los días.

¿Qué consejo le darías a alguien que está entrenando para su propio desafío, grande o pequeño?


Que se pregunte el porqué detrás de su objetivo. Habrá momentos de distracción o cansancio, y es ese porqué el que te mantiene firme y consistente. La motivación va y viene; la convicción permanece.

 

¿Hay alguna palabra o principio que te gustaría que guíe tu año?


“Sujeto a cambios”. No siempre se puede controlar lo que pasa, pero sí cómo reaccionas. Esa es la diferencia entre rendirse y evolucionar.