Mantenernos activos es una de las principales recomendaciones para cuidar nuestra salud. Sin embargo, podemos entrenar varias veces a la semana y aun así sentir rigidez después de pasar muchas horas sentados o notar que ciertos movimientos nos cuestan más que otros. Estar en buena forma no depende solo de cuánto peso levantamos o cuánto resistimos; también importa cómo nos movemos.


La movilidad es la capacidad de mover nuestras articulaciones de manera activa y controlada. La utilizamos constantemente, desde agacharnos para recoger algo del piso hasta levantar los brazos o girar el tronco. Aunque sus limitaciones pueden aparecer a cualquier edad, mantenerla adquiere especial importancia con los años, porque contribuye a conservar nuestra autonomía y desenvolvernos con facilidad en la vida cotidiana.

“No tenemos que esperar a sentir rigidez o experimentar alguna limitación para empezar a trabajar nuestra movilidad. Es una capacidad que necesitamos desarrollar y mantener, independientemente de nuestra edad o condición física”. – Diego Araya

En nuestra capacidad de movimiento también participa una estructura que durante mucho tiempo recibió menos atención que los músculos y las articulaciones: la fascia. Se trata de una red tridimensional de tejido conectivo que se extiende por todo nuestro cuerpo, envolviendo y conectando distintas estructuras. Aunque tradicionalmente se consideraba una simple envoltura protectora, las investigaciones de especialistas como Robert Schleip, Thomas Myers y Carla Stecco han permitido comprender mejor su participación en el movimiento y su importancia para la salud musculoesquelética.

La fascia está compuesta principalmente por fibras de colágeno, que le proporcionan resistencia, y una matriz con agua y ácido hialurónico, una sustancia que facilita el deslizamiento entre sus capas. Gracias a estas características, los tejidos pueden desplazarse entre sí y transmitir las fuerzas generadas por los músculos durante el movimiento. 

La fascia también contiene terminaciones nerviosas que participan en la propiocepción, nuestra capacidad de reconocer la posición y el movimiento del cuerpo en el espacio. Algunas de estas terminaciones pueden detectar estímulos potencialmente dolorosos, aunque esto no significa que todas las molestias tengan su origen en la fascia. El dolor puede responder a múltiples factores, por lo que comprender sus causas requiere una evaluación individualizada.

“La fascia nos ayuda a comprender que el cuerpo funciona como un sistema conectado. Cuando evaluamos una limitación de movilidad, no basta con observar únicamente la zona donde aparece la molestia. También necesitamos entender cómo se mueve la persona en su conjunto y qué factores pueden estar influyendo en esa restricción”. – Diego Araya

Otra característica importante de la fascia es su capacidad de adaptación. Mediante un proceso conocido como mecanotransducción, sus células responden a los estímulos mecánicos y participan en el mantenimiento y la renovación del tejido conectivo. Por eso, combinar ejercicios de fuerza y movilidad, evitar períodos prolongados de inactividad y aumentar las cargas de manera progresiva contribuye a mantener la funcionalidad de estos tejidos.

Una parte importante de este trabajo consiste en comprender que movilidad y flexibilidad no son exactamente lo mismo. Mientras la flexibilidad se relaciona con la amplitud de movimiento que puede alcanzar una articulación, la movilidad también considera nuestra capacidad de utilizar ese rango de forma activa y controlada. Por ejemplo, podemos conseguir elevar una pierna con ayuda, pero no ser capaces de alcanzar la misma altura por nosotros mismos.

“No siempre necesitamos aumentar nuestra flexibilidad. A veces una persona tiene un buen rango de movimiento, pero le cuesta controlarlo durante determinados ejercicios. Por eso, es importante evaluar tanto la amplitud como la calidad del movimiento para identificar qué necesita trabajar cada persona”. – Diego Araya

En Youtopia, el trabajo de Kinesiología permite abordar la movilidad de manera individualizada, considerando las necesidades, capacidades y objetivos de cada persona. A través de una evaluación funcional, los profesionales analizan los rangos articulares, la fuerza, el control y la ejecución de movimientos cotidianos. A partir de estos resultados, se desarrolla un trabajo específico que puede incluir ejercicios de movilidad, fortalecimiento y técnicas manuales cuando corresponde.

Este trabajo puede complementarse con técnicas de liberación miofascial, como el uso de foam rollers o determinadas técnicas manuales, que pueden ayudar a disminuir temporalmente la sensación de rigidez y mejorar el rango de movimiento, aunque no necesariamente modifican de forma permanente la estructura fascial. Se trata de herramientas complementarias que no reemplazan el ejercicio regular. Por su parte, las Actividades Dirigidas de Youtopia, como Yoga, Stretching y Pilates, ofrecen distintas oportunidades para seguir trabajando la movilidad, la fuerza y el control corporal de manera progresiva, de acuerdo con las capacidades y objetivos de cada persona.